De todo un poco

Un lugar para comentar lo cotidiano

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  • ¿Y que hace este angelito, a las tres de la mañana, subida a los restos de este naufragio?
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Hoy debo cambiar mi rutina

Publicado por ditonador en abril 24, 2008

Carajo, tanto tiempo pasando desapercibido, tanto tiempo sin contradecir, tanto tiempo diciendo uhum, tanto tiempo evitando discusiones insulsas. ¿Cómo? Así, y solo así, sin discutir, sin contradecir, sin aportar, sin destruir, sencillamente haciéndole creer que lo que ella pensaba era la mejor opción.

Dejarla decidir en cada cosita, era simple, ella solo se preocupa de nimiedades, que si la raya del pantalón esta chueca, que si la figurita de la vajilla apunta al suroeste en vez de apuntar al norte, que si la pasta dental fue apretada correctamente, etc., etc., etc y etc.

Mientras ella solucionaba su vida y la mía con esos detalles que a mi poco o nada me importan, yo soñaba el futuro, yo construía el futuro, mi futuro, el de ella, el de los hijos, esos que están en camino, esos que tanto espero y para los cuales no tengo lista la recepción.

Pero esto es mi culpa, dos veces, tres veces, mil veces mi culpa. Yo solo quería que se calle y me deje pensar en esos mundos futuros, en el sueño de no tener que trabajar y de paso tener que vivir bien, y se me ocurrió hacerle un masaje a los pies para que lo disfrute, lo disfrute y se calle y así pueda pensar tranquilo. ¡Funcionó! Se calló, y hoy que sigo mi rutina de decir todo el día uhum, que sigo mi rutina de ser invisible, ser imperceptible, esa rutina que me lleva a charlar con los amigos soñando sueños posibles e imposibles, hoy noto que no estaba cerca.

Hoy quiso otro masaje en los pies, hoy notó que hay cosas que ella no puede hacer sola, hoy notó que existo y que puedo ser util.

Hoy debo cambiar mi rutina

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La frase

Publicado por ditonador en marzo 13, 2008

Complacer a su padre fue lo primero que quiso hacer, cuando lo escuchó. No se lo dijo una sola vez, se lo decía cada vez que caminaban juntos. Lo tomó como un consejo personal. Sin duda alguna, esa frase lo marcó de por vida.

Esas épocas empezó a buscar líneas rectas en el suelo, las encontraba, las seguía, hasta que debía doblar, y buscar nuevas líneas para seguir su camino. Aprendió a mirar con detenimiento el suelo por donde caminaba buscando esas líneas que lo guíen, cuando no las encontraba, buscaba puntos de referencia, dos puntos de referencia que coincidan en el horizonte para de esa manera caminar hacia el objetivo. Llegaba al objetivo y buscaba dos nuevas referencias para caminar en línea recta.

Escuchando la frase de su padre, repensaba su vida y sus actitudes, y las cambiaba. Se concentraba en cada nuevo comportamiento, se ensimismaba tanto, que a veces parecía que no escuchaba nada. De esa manera cultivo en su vida algunos hábitos.

Era insoportablemente puntual, tenía su reloj siempre en hora, y no llegaba ni un minuto antes, ni un minuto después a sus citas, y junto a ese hábito creció la intolerancia a quienes llegaban antes de la hora y por supuesto toleraba menos a quienes llegaban después de la hora pactada.

Cuando le tocaba hacer alguna diligencia, no perdía el tiempo, no se distraía, iba directo a hacer lo que debía hacer y volvía adonde partió. De esa manera planificaba sus días y junto a ese hábito creció la intolerancia a quienes no planificaban o se distraían antes de acabar sus tareas.

Así empezó a transcurrir su vida, siguiendo líneas, mirando el reloj, sin perder el tiempo, a esto se sumaba que nunca falto a clases, cumplía estrictamente en la presentación de sus deberes, sin importar que comentario hicieran de él, ya sea de frente o a sus espaldas.

A medida que se acercaba el fin del colegio, no había ninguna duda, él seguiría una carrera de leyes, y así fue. Sin desviarse de sus incorruptibles  hábitos, terminó con honores sus estudios universitarios.

Como Licenciado en Derecho, nunca defendió a personas que consideraba culpables y por supuesto nunca acuso a un inocente. Peleó y gano todas las causas justas por eso los inocentes hacían largas colas para que el Doctor Peinado los defienda en los estrados judiciales.

Caminaba por el pasillo, rumbo a defender a otro inocente, pensando en su padre, ¿de estar vivo?, ¿estaría orgulloso de él? Recordaba la frase — ¡Camine derecho!— Mientras en los pasillos se escuchaba —ahí viene Peinado el Jorobado—

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18 de noviembre

Publicado por ditonador en febrero 19, 2008

Ese día fue una sorpresa para el, se alistaba para ir a cuidar los sembradíos, allá a siete kilómetros de distancia de su casa. Antes de salir escucho a su padre —Iván ven— Apresuradamente se acercó a su padre, que estaba sentado en una silla en el patio, y la vio por primera vez.

—Desde hoy te encargaras de ella— le dijo su padre. Se paró y los dejo solos.

—Que te llamas— le pregunto a ella, al no obtener respuesta, la miró con detenimiento, su rostro le recordó a esa profesora que durante una año le enseño a leer y escribir —Te llamaras Lupe— sentenció.

Faltando un par de meses para cumplir doce años, Iván tenía la responsabilidad más grande que alguna vez se le había encomendado. Encargarse de ella, siempre se había encargado de el mismo y de las tareas de la casa y de los cultivos, siendo el menor de cinco hermanos, sentía que tenía mas responsabilidades que los demás, ya que siempre lo mandaban a hacer, cualquier tarea que sus hermanos mayores evitaban, hacer algunas compras, dejar encargos para los vecinos y familiares, espantar a las aves en los cultivos, traer agua, tender su cama y cosas así. Encargarse de Lupe sería algo distinto.

Empezó a ganarse su confianza, brindándole alimento, preparándole un cómodo lugar para dormir, acariciándole la cabeza, enseñándole lo que estaba prohibido y lo que estaba permitido en la casa. No fue fácil, pero tampoco fue difícil, y más rápido de lo que imagino Lupe se convirtió en la sombra que lo acompañaba a toda hora y en todo lugar.

Se acostumbró a hablar con ella, le contaba sus alegrías, sus penas, sus rabias, sus sueños y si algo salía mal, como la ves que rompió los huevos que llevaba donde su tía Asunta, se refugiaba en ella luego de la reprimenda, y ella con paciencia le enjugaba las lagrimas con mucho cariño. Estaba contento de tenerla  su lado y sabía que ella estaba contenta también.

Esa relación era tan linda, que no importaba nada, ni  las bromas malintencionadas de sus hermanos, ni los toscos comentarios de su padre, ni los suspiros de su madre. Eran amigos, compañeros, cómplices, se tenían uno al otro y eso bastaba.

Los días pasaron tan rápido, que sin darse cuenta llego el día de su cumpleaños numero doce. Lo despertó su madre con un caluroso beso y abrazo. Su padre lo miro complacido y le dijo —Así que ya tienes doce años, ya estas hecho todo un hombre. Las hermanas lo abrazaban y lo besaban, los hermanos lo despeinaban y le daban palmaditas en la espalda.

Temprano empezaron a llegar los parientes, los tíos, tías, primos, primas, y todos lo abrazaban y felicitaban. No fue extraño escuchar anécdotas de su infancia a cada momento, en cada lugar de la casa donde se topaban con el los y las tías. 

Cuando se acostumbró al traqueteo de la casa, se preguntó — ¿Y Lupe? Porqué ella no estaba junto a el, donde se había perdido, tal vez le dio miedo ver tanta gente y corrió a esconderse, y le dio pena pensar que ella no estaba disfrutando ese día como el, se acordó que ni siquiera le había contado de su cumpleaños — ¿Será que por eso se enojó? ¿Será que por eso se escondió?— A todos los que veía preguntó si la habían visto, y nadie pudo darle información que le sirviera.

Ayudo a preparar una mesa grande, juntando todas las mesas de la casa, prestándose sillas de los vecinos, juntando manteles de todos los colores, acomodando platos de distintos tamaños, mientras trataba de imaginar donde se habría metido Lupe. —Ya aparecerá, en cuanto le de hambre estará por aquí cerca—    

Todos concurrieron a la mesa y se acomodaron, presidía el cumpleañero, solo un murmullo se oía, risas, gritos sonidos de bandejas que desde la cocina desfilaban en manos de sus hermanas, tías y primas.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo

En el lugar menos pensado encontró a Lupe…

El plato principal era chiva al horno…

En el festejo de su cumpleaños número doce sus familiares se comerían a Lupe

Se quedo con una expresión estúpida en el rostro, mientras que la familia y amigos cercanos empezaban la cancioncita esa… “hoy queremos que seas feliz…”

(Para Iván, que ojala nunca lo lea… y si lo lee, que me disculpe los excesos)

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Luces y sombras

Publicado por ditonador en febrero 12, 2008

Siempre fue guía en la oscuridad,

Siempre con la esperanza

De ser guiado en la claridad…

¡Nunca sucedió!

Hora ambigua el anochecer,

Hora ambigua el amanecer.

Momento hermoso en que dos mundos se encuentran

Tanto los que disfrutan el día

Como quienes disfrutan la noche

La diferencia es simple

Unos disfrutan la noche,

Otros disfrutan el día.

Los seres de luz

Quieren conocer de la noche,

Solos no se atreven,

Los seres de la noche

Quieren conocer del día,

Solos no se atreven,

¡Ninguno lo hace!

¿Ninguno lo hace?

Los seres de la noche

Buscan a quien los guié en la claridad,

No sucede con facilidad,

¡No sucede nunca!

Al menos eso…

Es lo que él sabe.

Él,

Que ansía conocer la luz,

Y dejar su oscuridad cotidiana,

No tuvo la oportunidad de visitarla.

Los seres de luz tienen

Un anhelo mayor…

… Conocer la oscuridad,

  Los seres de luz

Se enamoran de la oscuridad fácilmente

Con tanta pasión,

Que los seres de la noche

Se sienten extasiados con mostrarles sus secretos,

Siempre respondiendo a la pregunta adecuada

Siempre mostrando el sendero adecuado,

Siempre el sendero fácil,

No el que ellos siguieron,

No el que intento doblegarlos,

No el que intento vencerlos.

Muestran el sendero transitable,

Para que la estadía de los seres de luz

Sea cómodo, amable, agradable, suave, fácil.

Los seres de luz

Se regocijan, se alegran, se ufanan

Conociendo los senderos,

Se sienten parte de la oscuridad,

Se sienten dueños de la oscuridad,

Se sienten amos de la oscuridad,

Y por un momento

Se les olvida que ellos

Son seres de luz.

Cuando los seres de la noche

Se alistan, se embellecen, se “transforman”

Para conocer la luz,

Su guía no esta más,

Su guía se fue

Conociendo la oscuridad sin entenderla,

Con la certeza

De que los seres de la oscuridad

No tienen ninguna razón para conocer la luz.

Él vio a algunos seres de la luz

Acomodarse a la oscuridad,

Nunca vio a un ser de la oscuridad

Acomodarse a la luz, (Eso no significa que no suceda)

Solo que él no lo vio.

Los seres de la oscuridad

Viven mirando los pequeños espacios de luz,

Y, aunque saben que la oscuridad

Es su única amiga,

No pierden la esperanza

De algún día

Ser parte del mundo de los seres de luz.

Ahora él lo sabe.

Ahora el lo siente.

Ahora no tiene dudas.

Su destino es ser,

un ser de la oscuridad.

Bienvenida… ser de la luz

Te enseñare las tinieblas

Te mostraré mi oscuridad

¡Y no la entenderás!

 Los seres de Luz, solo buscan a otros seres de Luz  

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25 de abril

Publicado por ditonador en febrero 9, 2008

Esa mañana era especial, esa mañana el sabia que hace 11 años había nacido. Ese día le recordaba a su madre, a veces le daba un pan extra en el desayuno, a veces un largo y fuerte abrazo, a veces no lo golpeaba todo el día, una vez le dio un hermoso juguete de plástico.

Si, ese día era especial, muchas cosas buenas pasaban ese día, aunque también en ese día paso lo mas triste de su vida, hace tres años exactamente su madre lo abrazo fríamente y le dijo -eres todo un hombre- y lo dejo en las puertas de la correccional, sin haber cometido ningún delito, y no volvió a verla mas.

Hace unos meses Elvira, amiga del guardia de la correccional, le dijo ven, desde hoy serás como mi hijo, me ayudaras en la casa, y yo te daré de comer. Ese día empezó un largo round en su vida, su protectora, su nueva madre ni siquiera sabia su nombre. Llockjalla le diría desde ese mismo momento. Le dio un rincón en la cocina, le paso una frazada llena de huecos, herencia del perro que semanas antes había muerto. Su desayuno era una diluida taza de sultana acompañada de un pedazo de pan del día anterior, a veces duro a veces no. A la hora del almuerzo, por sus ojos pasaban los asados, los picantes de pollo, el Thimpu, el cordero y otros manjares, pero siempre, su almuerzo  era una lagua diluida, a veces con algún hueso pelado, que le entregaba en un cuenco de perro, herencia del perro muerto, y luego a pelear con los otros 3 perros las sobras de los platos o resignarse a esperar su desayuno de siempre.

Los golpes no le faltaron ni un solo día, ya que, como le decía Elvira, era un malagradecido, sucio, flojo, inútil, burro, y que los animales como el, solo aprenden a golpes,

Se levantaba cuando la luz del día aun no mostraba ni atisbos de su presencia, esperando que entre la cocinera y le ordene que hacer, traer agua, encender el anafe a kerosén, subir las pesadas ollas con agua, pelar papas, habas, arvejas, nabos, pellizcar chuños, lavar cada utensilio, llevar la comida y todo lo demás. Con miedo Morfeo lo abrazaba cerca a la medianoche. Dormía tres o cuatro horas.

Cuando se embriagaban, era peor, de nada lo pateaban, siempre llamándole inútil, flojo, malagradecido, estúpido, burro, malparido, o gentilezas similares.

Pero ese día era 25 de abril, ese día se levanto contento, cosas buenas le pasaban ese día, la esperanza no se disipó aunque tuvo que hacer todo igual, y recibir peor trato por la estúpida sonrisa que llevaba puesta ese día, que dicho sea de paso, no hacia juego con sus harapos.

El almuerzo llegó, Elvira lo llamo -Llokjalla toma- ¡Era un asado!  De esos que veía pasar ante sus ojos cada día, caliente, jugoso, con arroz, papa, lechuga y tomate. Lo recibió feliz, cosas lindas pasan en esa fecha, y fue a sentarse al suelo, en esa esquina de siempre que ahora brillaba, resplandecía, y con sus manos y boca sucias ataco ese pedazo de carne de vaca, mordió una de las papas, no le inspiraba confianza esa lechuga que su paladar no conocía, estaba por dar una segunda mordida a ese pedazo de carne y escucho la chillona voz de Elvira

-Llokjalla toma tu cuenco-

Al pararse rápidamente, a recoger del suelo su cuenco de lagua diluida, vio al parroquiano que esperaba impaciente su asado.

Mientras una lagrima recorría su mejilla izquierda, mientras su paladar aun saboreaba ese pedazo de carne de vaca, pensaba -“Cosas buenas pasan este día” y a pesar del palo y los insultos posteriores fue uno de los mejores cumpleaños de su niñez.

 

(Para Rene, un gran amigo de mi padre)

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El concierto

Publicado por ditonador en febrero 8, 2008

El artista seleccionó los instrumentos, puso la música de fondo, ante mi mirada atenta, una de esas miradas que no pierden detalle en cada una de los movimientos, tratando de entender la lógica de su orden.

Con la música de fondo puesta, reviso sus instrumentos  musicales, seleccionó uno, lo estudio con calma,  probó el sonido, era de su agrado. Dejo de estar ensimismado en sus actividades, me miro como si fuera el único espectador, en realidad si era el único, pero no era solo un espectador, posiblemente en ese momento yo era su mayor admirador.

Al verme, noto que me faltaba algo, reviso entre sus instrumentos, seleccionó uno, lo estudio con calma, probo el sonido, era de mi agrado, y me lo entrego. No habló, solo me lo dio para que yo lo acompañara en ese concierto privado.

Se perdió en la música de fondo, que le sirvió de impulso para interpretar sus propias melodías, las interpretaba con maestría, con pasión, con alegría. A una señal empecé a tocar tímidamente el instrumento que me dio, un pequeño piano, pero pronto mi timidez se contagió de su euforia, de sus ansias de llenar el ambiente con composiciones nunca escuchadas por otros oídos y toque con similar entusiasmo.

Tocamos, cantamos, bailamos, nos divertimos, nos reímos, nos cansamos, por un instante tocamos la misma música sin haber ensayado, solo me dejé guiar por su imponente personalidad y su pasión por la música y me sentí contagiado.

Tuve la oportunidad de estar en conciertos de varios tipos, pero este me lleno más que todos los demás, espero que una de estas noches se vuelva a repetir.

 

(dedicado al músico con quien vivo bajo el mismo techo y que cuenta con una experiencia en improvisación de 27meses de vida, EL GRAAAN KIN)

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Recuerdos

Publicado por ditonador en febrero 7, 2008

Este es el final de la historia: “Al instante de darle la bienvenida le nació un profundo suspiro, y empezó a extrañar”

Es inútil describirlo, pero haré un intento, ser como el, es una constante contradicción, y tal vez la principal contradicción es que sabe que no es único, es mas, sabe que es uno mas de muchos, lo que lo hace particular es que el se cree singular.

Tantos adioses, muchos sin palabras, le enseñaron a guardar en los subsuelos, recuerdos de todos los colores, tan bien guardados que los pocos que un poco lo conocen, creen que sabe olvidar.

No se dio cuenta a tiempo que su historia no interesa, se lo tuvieron que decir, posiblemente sea el recuerdo mas oscuro que guarda cerca de la puerta, cerca de la luz, para recordar primero ese recuerdo y no volver a mentirse.

Clausuró las puertas, encegueció las ventanas, todas menos una, solo quedo con vistam esa que le permitía mirar y conocer historias, todas comunes, todas únicas, todas cotidianas, todas excepcionales,  las agarraba, las adornaba, y corría a guardarlas… como recuerdos.

Todavía no sabe como se abrió su ventana, aun no entiende como entró por esa ventana, ya estaba adentro, conociendo de el, encendiendo viejas luces en su fortaleza, el apagando las luces lo mas rápido posible, rebuscando en sus recuerdos, ofreciendo otros recuerdos a cambio.

Le dio la bienvenida, un amargo suspiro salio de su cuerpo, apenas empezaron los intercambios de recuerdos, empezó a extrañar, sin lágrimas empezó a llorar, solo mostró su mejor sonrisa y se resignó.

 Estas cosas solo duran lo que dura cualquier recuerdo… toda la vida.

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Te extraño

Publicado por ditonador en enero 23, 2008

Era una noche entre amigos, una noche de pensar en Agua, quema, humo, acción, vandalismo, patear esquemas, sacudir pensamientos de alguien, de cualquiera, de todos,  tratando de hacer eso que hacemos cuando nos juntamos los que aun soñamos, cambiar el mundo.

Sin previo aviso, tu silueta se dibujó ante mis ojos, solo bastó una fracción de segundo para que tu imagen se instalara en mi mente y no dejara de pensarte. Imaginar que harías, como fue que llegaste a mi vida, quien te dio permiso para irrumpir en mi vida, si fue casualidad o así lo tenías planificado.

Desde ese momento no solo ocupaste mi mente, ocupaste el espacio que le tenía reservado a la soledad. En realidad solo fueron algunos días, las noches para ser exactos, esas noches en que la tan mencionada “Niña” jugaba con nosotros, nos mojaba, nos desconcertaba, nos inundaba, nos brindaba agua del cielo, día tras día, noche tras noche.

La lluvia de la noche, esa lluvia que más que provocarme nostalgia o llamarme al romance me pone triste al pensar en quienes no tienen un techo, una casa, una guarida que los proteja. Esas noches lluviosas, igual que las noches sin lluvia, en las primeras horas del nuevo día, según los calendarios de mi computadora, en mi espacio solitario, en mi refugio, te instalaste Tú.

Para ser honestos, solo fueron algunas noches, sin embargo serían suficientes para que encuentres tu destino, y darme cuenta yo, que la soledad no me disgusta en realidad, mas bien la disfruto a mi manera.

Nuestra relación fue extraña. No pudimos aguantar el mirarnos a los ojos por más de un segundo, pero nos miramos, y no tuve en la boca nada para decirte. Solo tuve la certeza que en tus ojos se dibujo el miedo, miedo de mi, de mis acciones, de lo que podría hacer en medio de una noche lluviosa cuando solo nosotros estábamos despiertos. Y yo… yo tenía el mismo miedo. Te tenía miedo.

Estábamos ahí, en mi espacio, escuchando música, escuchando la lluvia caer, compartiendo ruidos, ruidos nocturnos, esos ruidos que se amplifican en la quietud de la noche. Lo quiera o no, estabas ahí, lo quieras o no, yo estaba ahí. Una incomodidad crecía, tu silueta, tu color, tus ruidos, tu apetito, tu esquiva mirada, tu atrevimiento de interrumpir en mi vida sin previo aviso, tus ganas de quedarte a pesar de todo me causaban disgusto.

 Seamos francos, nunca me quisiste. Solo llegaste hasta mí, por esa necesidad egoísta de tener un lugar donde estar. Te aguantabas el miedo, la incomodidad de mi presencia, mis ruidos, mis manías, solo por tener donde dormir. Compartir el mismo espacio no tenía nada que ver conmigo, solo se trataba de ti, y ahí estabas sin querer irte más.

Yo no te quería. El hecho de que no pueda sacarte de mi mente, querer saber cada uno de tus pasos, intentar adivinar tus pensamientos, estar pendiente de ti, no significaba que  te quería cerca de mi. Te sentí una invasora en esas noches, mis noches, esas que llamaba de soledad.

Yo decidí el final de esta relación nociva, decidí cuando, decidí cómo. No lo dudé, no me emborraché con dilemas éticos del bien y del mal, de lo correcto o lo incorrecto, simplemente decidí hacerlo.

Otra noche lluviosa más, ésta, un poco más fría que las anteriores. Te ofrecí con una sonrisa la cena, personalmente le puse el “aderezo”. Tenía buen aspecto, tenía buen olor, ojala que buen sabor también. Te la dí y salí —ya vuelvo— es lo que se me ocurrió decir y esa fue la ultima vez que me viste.

No viste mala intención en la cena, a pesar de lo incomoda de nuestra relación, confiaste en mi, incluso te alegraste y te serviste. Ahora estoy seguro que tenía buen sabor, te lo acabaste todo. Al terminar de comer,  las convulsiones te avisaron que era tu final, que tu vida (ojala que plena) se apagaba y sabías también, antes de intentar meter aire a tus pulmones por ultima vez, que el causante fui yo. Tu muerte me devolvió la soledad de las noches, esta noche, cualquier noche, mis noches.

Empecé a extrañarte a la mañana siguiente cuando escuche el grito — ¡Dito!, el veneno mató a la rata que se metió en tu oficina—

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Yo fui a ver al teatro negro de praga

Publicado por ditonador en enero 16, 2008

Llego a La Paz primero, luego a Cochabamba y finalmente le tocaba a Santa Cruz. No recuerdo si para mis adentros o para mis afueras dije ¡que suerte!. Me emocionó su llegada casi tanto como me alegre de que llegara La Renga. El teatro Negro de Praga en Bolivia.

Exprese en voz alta mis intenciones de asistir a presenciar esa obra, cada comentario que salía en la prensa paceña los alabo, lo mismo sucedió en Cochabamba, no tuvieron nada que criticar, obviamente yo, un fiel devoto de la prensa, les creí, y decidí ir.

Para ser cronólógico, me parecio muy elevado el precio de las entradas 250 y 300 BS. Empece a recordar que con dudas pague 10 Bs para ir a ver “Monsieur Mariposa”, con pena pague 30 Bs para ver En un Sol Amarillo, Memorias de un Temblor del Teatro de los Andes, 15 BS para ver a Mauricio Pantoja y su obra Jacinto, por mencionar algo, y ahora estaba dispuesto a pagar 250 BS. ¡Tenía que ser bueno!

Era el sábado de la segunda precarnavalera, y el teatro no se llenó, asi que aprovechando ausencias, me tocó en suerte ver el espectaculo en primera fila, esas que costaban 300 BS, 50 BS de ganancia me dije, y cuando la voz colombiana dijo que apague mi celular, me acordé que lo tenía encendido, cuando quise apagarlo vi que tenía un mensaje, asi que por leer el mensaje no escuche que mas  dijo, y empezó la primera parte.

Todo oscuro, y empezaron a surgir hermosas imagenes, personajes que aparecían y desaparecían, objetos que se movían en el vacío, musica , baile, personajes que flotaban, movimientos sincronizados con el sonido, todo un espectáculo. Pero me reí muy poco (y eso que decían que era comedia) y siendo franco no entendí mucho por donde iba la obra.

Al inicio de la segunda parte la voz salió otra vez, y escuche atentamente que apague mi celular, como ya lo tenía pagado escuche como me contaba lo que iba a ver, por donde el doctor viajaría, en que viajaría, y como terminaba la obra. Me la contaron la obra en el mismo teatro, me contaron el final, y no de manera discreta nos la contaron a todos.

Como ya sabía para donde iba la obra, deje de concentrarme, y empecé a ver (imagino que mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad) los telones, algunas faltas de sincronía entre movimientos y sonido, y por supuesto el desenlace de la obra que sucedio exactamente como me lo habían relatado incluido el final.

Termino la obra, algunas personas se pusieron de pie para aplaudirlos, creo que uno de mis pies estaba adormecido y no pude pararme, ni siquiera lo intente, y empecé a pensar en todo esto que ahora escribo, la primera parte no la entendí porqué no escuché al que me la contó, la segunda parte no me sorprendió porque me la habían contado, y creo qeu si una obra necesita que te la  cuenten antes de que la vean, la historia no esta bien contada.

Si pago 250 Bs, espero perfección en el escenario, esa perfección que vi con “Monsieur Mariposa”, con todas las obras de Teatro de los Andes con Jacinto, para seguir con las que mencioné antes, y bueno, luego de pensar un poco me sentí contento sabiendo que tenemos actores y escritores de obra de teatro que saben contarnos historias que por lo menos a mi me hacen perderme en el mundo que crean para nosotros, su público y definitivamente debo valorarlos mucho mas.

Pero… al fin de cuentas Yo fui a ver el teatro negro de praga

… no sé si lo haría de nuevo.

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Odiaba la cerveza

Publicado por ditonador en enero 9, 2008

Esas épocas, finales de los 80 y principios de los 90. Epocas en las que apenas conseguiamos dinero, por supuesto de nuestros padres. El poco dinero que teníamos lo juntabamos y nos servía para comprar el famoso singani a granel, algunas veces con alguna gaseosa, las mas de las veces con un refresco en polvo (YUPI) y todos nosotros, menores de edad, buscabamos un lugar alejado, oculto, o en su defecto estar en un lugar público pero con la “mercancía” oculta y siendo consumida a discreción.

La razón del porqué siendo menores de edad bebiamos, es motivo de otro espacio, hoy estamos en mi odio a la cerveza. No es raro que tuvieramos acceso a otro tipo de bebidas, las de nuestros ejemplares padres o hermanos o tíos o vecinos adultos, y probabamos de manera clandestina, esas bebidas que de ninguna manera se parecían a nuestro singani   y no podíamos menos que decir puaj.

Hoy despues de dos decadas, prefiero ante todo la cerveza, y ese singani oficial de esas épocas ya no esta en mi menú, ahora odio el wisky.

Creo que a medida que tenga la posibilidad de comprarme wisky sin que me pese el bolsillo también dejaré de odiarlo y criticarlo.

¿Que cosas no?

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