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25 de abril

Publicado por ditonador en Febrero 9, 2008

Esa mañana era especial, esa mañana el sabia que hace 11 años había nacido. Ese día le recordaba a su madre, a veces le daba un pan extra en el desayuno, a veces un largo y fuerte abrazo, a veces no lo golpeaba todo el día, una vez le dio un hermoso juguete de plástico.

Si, ese día era especial, muchas cosas buenas pasaban ese día, aunque también en ese día paso lo mas triste de su vida, hace tres años exactamente su madre lo abrazo fríamente y le dijo -eres todo un hombre- y lo dejo en las puertas de la correccional, sin haber cometido ningún delito, y no volvió a verla mas.

Hace unos meses Elvira, amiga del guardia de la correccional, le dijo ven, desde hoy serás como mi hijo, me ayudaras en la casa, y yo te daré de comer. Ese día empezó un largo round en su vida, su protectora, su nueva madre ni siquiera sabia su nombre. Llockjalla le diría desde ese mismo momento. Le dio un rincón en la cocina, le paso una frazada llena de huecos, herencia del perro que semanas antes había muerto. Su desayuno era una diluida taza de sultana acompañada de un pedazo de pan del día anterior, a veces duro a veces no. A la hora del almuerzo, por sus ojos pasaban los asados, los picantes de pollo, el Thimpu, el cordero y otros manjares, pero siempre, su almuerzo  era una lagua diluida, a veces con algún hueso pelado, que le entregaba en un cuenco de perro, herencia del perro muerto, y luego a pelear con los otros 3 perros las sobras de los platos o resignarse a esperar su desayuno de siempre.

Los golpes no le faltaron ni un solo día, ya que, como le decía Elvira, era un malagradecido, sucio, flojo, inútil, burro, y que los animales como el, solo aprenden a golpes,

Se levantaba cuando la luz del día aun no mostraba ni atisbos de su presencia, esperando que entre la cocinera y le ordene que hacer, traer agua, encender el anafe a kerosén, subir las pesadas ollas con agua, pelar papas, habas, arvejas, nabos, pellizcar chuños, lavar cada utensilio, llevar la comida y todo lo demás. Con miedo Morfeo lo abrazaba cerca a la medianoche. Dormía tres o cuatro horas.

Cuando se embriagaban, era peor, de nada lo pateaban, siempre llamándole inútil, flojo, malagradecido, estúpido, burro, malparido, o gentilezas similares.

Pero ese día era 25 de abril, ese día se levanto contento, cosas buenas le pasaban ese día, la esperanza no se disipó aunque tuvo que hacer todo igual, y recibir peor trato por la estúpida sonrisa que llevaba puesta ese día, que dicho sea de paso, no hacia juego con sus harapos.

El almuerzo llegó, Elvira lo llamo -Llokjalla toma- ¡Era un asado!  De esos que veía pasar ante sus ojos cada día, caliente, jugoso, con arroz, papa, lechuga y tomate. Lo recibió feliz, cosas lindas pasan en esa fecha, y fue a sentarse al suelo, en esa esquina de siempre que ahora brillaba, resplandecía, y con sus manos y boca sucias ataco ese pedazo de carne de vaca, mordió una de las papas, no le inspiraba confianza esa lechuga que su paladar no conocía, estaba por dar una segunda mordida a ese pedazo de carne y escucho la chillona voz de Elvira

-Llokjalla toma tu cuenco-

Al pararse rápidamente, a recoger del suelo su cuenco de lagua diluida, vio al parroquiano que esperaba impaciente su asado.

Mientras una lagrima recorría su mejilla izquierda, mientras su paladar aun saboreaba ese pedazo de carne de vaca, pensaba -“Cosas buenas pasan este día” y a pesar del palo y los insultos posteriores fue uno de los mejores cumpleaños de su niñez.

 

(Para Rene, un gran amigo de mi padre)

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